Costa Rica es uno de los países que vio el despegue del canopy tour como una actividad turística de aventura.

Por ello no es casualidad que sea un costarricense quien ha logrado el récord Guinness del canopy más largo del planeta. Un deporte cargado de diversión y adrenalina. Desplazarse por los aires, pendiendo únicamente de cables y sentir que volamos.

La historia detrás de esta emocionante actividad, cómo se diseñan y construyen estas estructuras, la encontramos en un hombre que ha dedicado una buena parte de su vida a ello.

José Manuel Pizarro cuenta el origen del canopy con la misma pasión con la que los construye. El mecanismo ha sido empleado siglos atrás, en Asia, Sudamérica y Europa, con funciones prácticas más que recreacionales. Sin embargo, ha sido Costa Rica uno de los países en que proliferaron, en los años 90, con fines de entretenimiento y como parte de la oferta turística.

Precisamente, en ese contexto es que Pizarro encontró el pasatiempo que lo llevó a consolidar su carrera profesional. Todo empezó hace 18 años, en Tamarindo, Guanacaste.

“Pues, diay, yo siempre he escalado porque ha sido mi deporte. Los deportes de aventura, las cuerdas… esa siempre ha sido mi pasión, como un hobby…”, cuenta Pizarro.

Poco a poco, complementó sus conocimientos como estudiante de arquitectura con su distracción y empezó a ofrecer cursos y entrenamientos.

96 proyectos después, Pizarro se ha consagrado como un arquitecto con una especialidad peculiar.

“Hemos construido en la nieve, en el desierto, en la montaña, en cavernas, en muchos contextos de toda América y hemos hecho proyectos grandísimos”, dice.

Sus obras están localizadas no solo en Costa Rica, sino también en Nicaragua, Panamá, Argentina, Perú, Chile, Honduras, México, República Dominicana, Ecuador y Puerto Rico, país en que construyó el monstruo, el canopy con el que logró, en marzo de 2016, un récord Guinness.

¿Cómo se le presentó el reto a este costarricense?

El dueño del parque Toro Verde, ubicado Puerto Rico, visitó la zona de Guanacaste. Y, justamente, tuvo el chance de conocer uno de los proyectos de Pizarro, se enamoró del parque y de inmediato contactó a su creador.

“El año pasado pudimos inaugurar el cable más grande del mundo, que fue una proeza de tres a cuatro años de planificación, un año completo de construcción y se rompió el récord Guinness con un cable de 2,205 metros”, dice Pizarro.

Al contarlo parece fácil, por eso a Pizarro le gusta ahondar en lo que implica el diseño y construcción de un canopy.

Obras de arte que, para este hombre, deben también entrar en armonía con la naturaleza.

Con esa visión y ese enfoque es que Pizarro ha conquistado metas tan grandes y desafiantes:

“romper un récord Guinness es algo interesante, porque si usted se pone a pensar qué significa, significa caminar donde nadie ha caminado, entrar a un mundo desconocido, o sea el récord Guinness es algo que nadie ha hecho”, agrega.

Así es como el joven que empezó escalando como hobby, es ahora el hombre que se propone un mega reto tras otro, muestra del espíritu de ambición y grandeza del ser humano, plasmado en esas plataformas y cables en las que miles de personas viven experiencias de aventura únicas y memorables.